El crecimiento de la energía solar parece imparable

Hace al menos 10 años, hablar de energía solar pacería una panacea. Un poema sin rima ni consonancia con la métrica, en la que pocos políticos –por más ecológicos que parecieran verse- querían entrar a declamaciones.

Sin embargo, en 2018, ahora mismo, la energía solar y la instalación de placas fotovoltaicas ocupa gran parte del presupuesto de la mayoría de los países del mundo. Sin distinción de si son desarrollados o en vías de desarrollo. La energía solar se ha convertido en uno de los proyectos de mejor rentabilidad para todos los gobiernos. Pero, no para todos.

Los países que lideran

Hace 10 años, hablar de China en el plano internacional significaba hablar de la fábrica del mundo. De ese país que inundaba los mercados de productos muy baratos y con el mismo eslogan de toda la vida, ese que nos evocaba un escalofrío azaroso por la espalda: Made in China.

Hoy, sin embargo, la cosa ha cambiado. China es, para algunos sí, para otros no, la economía más importante de todo el mundo, y el país líder en lo que a tomar decisiones globales atañe.

También, se ha convertido (en escasos 10 años, o hasta menos) en el líder indiscutible de la energía solar: 100 GW instalados en todo su territorio.

Lejos, muy lejos, le siguen en segundo y tercer lugar, Estados Unidos (53 GW) y Japón (50 GW), países muy desarrollados y que uno pensaría que estarían a la cabeza, o al menos, no distanciados por hasta el doble de cantidad con el gigante asiático.

Europa, iniciativa y tardanza

Volvemos tiempo atrás. Los mismos 10 años atrás. Los líderes mundiales en energía solar están en Europa. Se trata de Alemania y de España.

Hoy, la tortilla se ha volteado de una forma categórica. Salvo Alemania, que se va colando entre los grandes y que representa uno de los países que más rápido ha crecido (44 GW instalados), los demás europeos están muy lejos, con Italia con 19 GW o España que, salvo a ser pionero, se queda con sólo 5 GW instalados.

Estamos hablando, en el caso de España, de la nación europea donde mayores horas de sol hay cada año. Y Bulgaria, por ejemplo, ya está casi que superando sus cifras.

El Reino Unido, un país considerado de lluvia sí y lluvia también, ya tiene instalados casi 20 GW, y planea aumentar la cifra.

Sí. La energía solar sigue ocupando presupuestos gubernamentales. Pero no en todos los países. Y eso no es bueno.

El Byron Bay Train posiciona a la energía solar como medio de transporte

Impensado para unos pocos, pero ya funciona. El Byron Bay Train es un tren turístico con una ruta muy corta, casi que simbólica (3 kilómetros), que se encuentra ubicado a unos 600 km al norte de Sídney, la ciudad más importante de Australia.

Se trata, por ende, de un tren pequeño, conformado por 2 vagones, y que fue restaurado de un tren construido poco después de acabar la Segunda Guerra Mundial, y cuyas operaciones fueron abandonadas de forma tota en la década de 1970.

Hoy, gracias a la iniciativa de un empresario australiano, el tren no sólo ha sido restaurado, sino que su antiguo motor de diésel fue cambiado por placas fotovoltaicas.

¿De dónde surge la propuesta del Byron Bay Train?

Cuando Brian Flannery, millonario inversor de la industria del carbón, comenzó a emprender proyectos relacionados con el turismo, vio en Byron Bay una oportunidad de negocio. Fue así como inició construyendo un hotel en esta zona costera –de muchas plazas hermosas-, pero tanto fue el éxito que en temporadas medianas – altas, el transporte se hacía caótico.

Si bien cualquier otra idea hubiese resultado más eficiente, no hubo una más “romántica” que la de restaurar el viejo tren de la localidad australiana.

Una restauración que precisó de mucha creatividad, para mantener los vagones originales en su mayoría, y adaptar, a su vez, las placas solares que le suministran energía para cubrir, diariamente, su ruta de 3 kilómetros de largo.

¿Qué nos deja este emprendimiento sostenible?

Desde que los turistas tuvieron conocimiento de la existencia del Byron Bay Train (que cuenta con página web propia a través de la que se pueden comprar los boletos), los asientos de cada día suelen estar siempre ocupados.

Tanto es así, que ahora Flannery ha decidido ampliar su ruta en cuanto a horarios, y recientemente se inauguró la ruta nocturna, que por las características de la localidad, hacen de la experiencia una oferta turística en sí misma.

Si bien se trata de una restauración pequeña, casi que en plan “romántico” o estético, no sólo se ha hecho de la mejor manera –con paneles solares suministrando el 100% de la energía que necesita el tren-, sino que se ha convertido en un emprendimiento que da ganancias, ya que la única inversión fue la inicial, y los gastos de mantenimiento son muy pocos.

En cambio, en temporadas altas, el tren se ha convertido en la principal atracción de la localidad, donde al menos 400 personas transitan diariamente.